Análisis de Dragonborne (PC). Vuelve a los 90 con este nuevo juego para … ¿Game Boy?

Los chicos de Spacebot Interactive nos traen Dragonborne, un RPG de 8 bits al más puro estilo Zelda, ¡la nostalgia está servida!

Los chicos de Spacebot Interactive nos traen Dragonborne, un RPG de 8 bits al más puro estilo Zelda, ¡la nostalgia está servida!

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Han pasado más de 30 años desde que la mítica Game Boy desembarcara en España. La consola de Nintendo trajo asociada una auténtica revolución de las portátiles, suponiendo todo un nuevo paradigma que cambió por completo el modo en el que entendíamos los videojuegos y, cómo no, la forma de jugar.

Muchas han sido las mejoras, revisiones, así como los accesorios, periféricos y, por supuesto, los títulos que la pequeña de Nintendo recibió durante su larga y exitosa vida, aportando miles de horas diversión a millones de usuarios y siendo testigo del nacimiento de grandes fenómenos de la industria como el mismísimo Pokémon. Finalmente, Nintendo anunció el cese de su producción en Marzo de 2003, quedando así para siempre el recuerdo de una época de gloria, que aún perdura en la memoria de los que tuvimos la suerte de poder sostener una entre nuestras manos.

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Mucho ha llovido desde esa época dorada de los 8 bits y, sin embargo, hay estudios que se resisten a dejar que esos tiempos caigan en el olvido. Este es el caso de Spacebot Interactive, un joven estudio anglo-germano que se dedican tanto al desarrollo como la publicación de videojuegos a la antigua usanza, ya sean juegos retro para nuevas plataformas o lanzamientos para máquinas clásicas, como es el caso de Dragonborne, un RPG de los de antes que bebe de los grandes clásicos del género y que, en pleno 2021, llega hasta nosotros para Game Boy, de modo tradicional con su correspondiente cartucho, y también en formato digital para PC.

Los dragones han despertado de su letargo

La región de Argon es un tranquilo lugar donde sus habitantes gozan de una época de paz y prosperidad.  Los guerreros y cazadores del reino se aseguran de preservar el bienestar de la población manteniendo a raya a monstruos y criaturas de todo tipo. Sin embargo, nubes oscuras se ciernen sobre el mundo: los dragones se han despertado de nuevo y, con ellos, llega el caos, el miedo y la desolación.

En este contexto se desarrollan los primeros compases de Dragonborne, durante los cuales encarnamos a Kris, el hijo de aquel en el que residen las esperanzas de todo Argon, el legendario cazador de dragones Kurtis, el cual ha desaparecido durante la noche sin que nadie conozca su paradero o el motivo de su marcha. Esto nos llevará a emprender el clásico viaje del héroe en busca de nuestro padre y nuestro destino.

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Este argumento, muy utilizado por muchos de los títulos de corte RPG de la época de los 90, es una muestra muy clara de la esencia de Dragonborne que, si bien recopila muchas de las ideas que en su día hicieron grandes a obras como Dragon Quest o The Legend of Zelda: Link’s Awakening, no ofrece nada innovador ni ningún rasgo diferenciador que destaque, como cabría esperar de un título que, a pesar de su estética y tecnología retro, se ha desarrollado en el año 2021.

Desde el inicio, Dragonborne muestra claras influencias de sagas como The Legend of Zelda o Dragon Quest

Las conversaciones con los distintos personajes que nos encontraremos a lo largo de nuestro periplo, así como algún que otro pequeño fragmento escrito, son el único recurso empleado para el desarrollo de la narrativa del título, algo que no termina de animar al jugador a querer saber más debido, sobre todo, al poco carisma de los personajes y un abuso constante de los clichés propios la fantasía medieval: el mal ancestral que amenaza el mundo, el joven héroe que descubre que su destino es enfrentarse a dicho mal, etc.

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En el plano jugable, Dragonborne ha intentado unir varios de los ingredientes que, en su día, llevaron a otros a convertirse en referentes de su época. Sin embargo, deja una sensación agridulce, pues parece que la fórmula no termina de cuajar. La mayor parte del tiempo estaremos explorando ciudades, bosques, desiertos; una amplia variedad de localizaciones donde podremos desempeñar diferentes tareas, como por ejemplo aceptar las clásicas misiones secundarias de reunir materiales o disfrutar de algún minijuego.

En Dragonborne no faltarán las clásicas misiones secundarias o las actividades como la pesca

En las ciudades podemos reabastecernos de pociones y otros elementos útiles para sobrevivir a los peligros que nos vayamos encontrando. También hallaremos en ella magos, herreros y otros artesanos o tutores que nos ayudarán a mejorar nuestro equipo, enseñarnos nuevos hechizos o fabricarnos algún ítem que nos permita alcanzar a alguna zona cuyo acceso a pie no sea posible, además de los siempre clásicos minijuegos como el piedra, papel o tijeras.

En Dragonborne podremos crear objetos, como esta balsa, que nos abrirán nuevos caminos al revisitar alguna zona

Donde el componente de exploración alcanza, sin duda, su punto álgido es en las mazmorras; estas son una herencia clara de The Legend of Zelda aunque, lamentablemente, no están a la altura de tamaña referencia. Si bien los chicos de Spacebot Interactive han intentado dotarlas de puzles o rompecabezas, estos no van más allá de eliminar todos los monstruos de una estancia, encontrar la salida de ciertos laberintos muy sencillo o empujar algún que otro objeto hasta colocarlo sobre la correspondiente marca en el suelo.

Debido a la simpleza de su planteamiento, nos encontramos ante una mecánica que, lejos de suponer ningún reto, sólo servirá para rellenar tiempo de juego obligándonos a participar en algún combate más de lo deseado o alargando el recorrido hasta un cofre, un mero trámite que habremos de pasar si queremos obtener la llave o el objeto que nos despejará el paso hasta la siguiente estancia.

En Dragonborne tendremos que enfrentarnos a diferentes puzzles y laberintos, aunque de una complejidad muy  reducida

El último pilar de los que componen la jugabilidad de Dragonborne son los combates: estos se desarrollan de la misma forma que en cualquier juego de la franquicia Pokémon mediante encuentros por turnos, siempre uno contra uno sin importar el número de enemigos que compongan el grupo. El abanico de posibilidades disponible es bastante amplio en este punto: contaremos con multitud de hechizos, ataques o golpes especiales a nuestra disposición pero, por desgracia, no es oro todo lo que reluce.

Se echa en falta en Dragonborne más mimo y cuidado en los detalles, como por ejemplo haber profundizado más en cuanto a las debilidades y fortalezas de los monstruos, algo que resulta prácticamente inexistente hasta tal punto que los combates se ven vacíos, sin ningún componente táctico más allá de administrar correctamente los hechizos y ataques especiales dado que cuentan con un número de usos limitado, o el uso de algunos estados alterados que podremos curar con la misma poción que nos sirve para recuperar puntos de vida.

El sistema de combate de Dragonborne está fuertemente basado en la mecánica por turnos de Pokémon

La posibilidad de controlar a distintos personajes en ciertos puntos de la aventura, sus múltiples finales o un sistema de ranking basado en cómo termines el juego, intentan poner la guinda a un pastel que, a pesar de presentarse con una pinta más que apetecible, no deja tan buen sabor de boca como se desearía.

Un apartado artístico y técnico del siglo XX

Si todo en Dragonborne parece ser un homenaje al siglo XX y los videojuegos de 8 bits, el apartado artístico no iba a ser menos. Los personajes presentan unas animaciones fluidas, aunque limitadas, acordes con el resto de la obra. Sus escenarios se sienten vivos gracias a la implementación de efectos como el movimiento de los ríos, la presencia de animalillos salvajes que campan a sus anchas por bosques y prados o algún que otro efecto ambiental leve.

En los combates, la vista cenital deja paso a unas ilustraciones más detalladas de los contendientes: en ellas podremos apreciar matices como la armadura de nuestro personaje, el equipamiento de los enemigos o el aspecto de las criaturas, destacando especialmente los dragones o los miembros de la banda Dragontooth.

Durante los combates en Dragonborne podremos apreciar algunas de las mejores ilustraciones del título

En cuanto a su banda sonora no hay mucho que decir, se compone de temas bastante planos que, a pesar de que cumplen de forma correcta su función, no consiguen dejar ningún tipo de huella en el jugador, llegando a pasar desapercibidos la mayor parte del tiempo.

Veredicto

Dragonborne intenta homenajear a grandes clásicos de la época que vio nacer a los RPG en las consolas portátiles. Sus mecánicas de exploración, resolución de puzles y sus combates por turnos lo dotan de un fuerte componente nostálgico al estar basados en obras como The Legend of Zelda o Pokémon.

Sin embargo, a pesar de ser disfrutable, Dragonborne no aporta nada nuevo al género en que se basa, sin ningún elemento que lo dote de algún valor añadido lo que hace que no pase de ser un título correcto que, probablemente, sólo atraiga a los amantes de lo retro.

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Dragonborne

Duración: 10 h.
6

Jugabilidad

7.0/10

Gráficos

7.0/10

Sonido

6.0/10

Innovación

5.0/10

Narrativa

5.0/10

Diversión

6.0/10

Duración

7.0/10

Aspectos Positivos

  • Alto componente de nostalgia
  • Varios finales posibles, lo que aumenta su rejugabilidad
  • Varios personajes jugables entre los que escoger

Aspectos Negativos

  • No innova en ningún aspecto
  • Enemigos poco trabajados
  • Su argumento es el típico de la mayoría de obras de fantasía medieval