Análisis de Narita Boy (Xbox Series). Un diamante indie programado a código lento

Narita Boy

En Narita Boy nos adentraremos en la creación de un programador para salvarlo y a la vez conocer la historia de su vida a través de un divertido juego con mecánicas hack and slash y adquisición de habilidades.

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import blue, yellow, red from NaritaBoy as Tricoma

Desde 2017 y a través de un Kickstarter llevábamos siguiendo la estela de Narita Boy, la última creación del estudio catalán Studio Koba y distribuida por Team 17. El juego nos atrajo desde su primera captura por su apartado visual retro rompedor y nos hemos quedado finalmente prendados de su historia y sus mecánicas.

Un homenaje a la figura del programador de los ochenta

Desde el primer momento que se muestra el menú del juego percibes el cariño a lo retro de sus creadores y te dejas capturar por la ambientación que se crea en el juego con su píxel art y sus tonos neón pasados por un filtro de monitor antiguo. Ese cariño se traslada a la historia del juego, que no es algo ni mucho menos simplón y yo, sin esperar mucho de ella me he visto completamente atrapado.

Desde el comienzo Narita Boy nos introduce en su mundo digital

El juego nos cuenta la historia de la Narita One, una videoconsola popular en el mundo del título creada por Lionel Pearl Nakamura, un programador medio estadounidense medio japonés que soñó toda su vida con crear un Reino Digital.

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En la Narita One plasma todas sus vivencias, buenas y malas, sus complejos y virtudes, como en toda obra personal. El problema viene cuando la parte del código en la que se encuentra lo peor de su persona toma el control y quiere destruir el Reino Digital. Aquí entra en acción Narita Boy, una especie de programa de rescate que Lionel programó para salvar al Reino Digital con la fuerza del Tricoma.

Nos encontramos nuevos enemigos durante todo el viaje

Esta historia, de la que he contado sólo el principio, se va estructurando a lo largo del juego complementándose con las memorias del creador, que tenemos que ayudar a recuperar para que pueda eliminar definitivamente el código corrupto y salvar el Reino Digital. Una delicia de historia que con muy pocas escenas minimalistas os va a tocar fibras sensibles.

Un viaje por las profundidades del código fuente

El equilibrio del que hace gala Narita Boy en su apartado jugable es, tal vez, una de sus mayores virtudes. Tras una introducción de la historia a modo de conversaciones con personajes importantes que dan contexto al juego, este comienza a darte habilidades y retos sin parar.

Los jefes finales son variados así como los variopintos personajes que nos encontramos como este sacerdote

Cuando nos damos cuenta, ya tenemos un gran número de movimientos que hacer con nuestra espada del Tricoma, el arma programada para que Narita Boy acabe con el código corrupto que asola el Reino Digital. Estos movimientos, entre los que está disparar la espada a modo escopeta, hacer un golpe ascendente o una embestida hacia adelante, no paran de ampliarse durante todo nuestro viaje. Esto hace que el juego no se estanque en ningún momento.

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Además, habrá mecánicas puntuales muy disfrutables y que sorprenden hasta a los jugadores más experimentados en el género, con cambios jugables muy frescos que dan variedad al juego. Sería una pena que no las descubrierais por vosotros mismos.

Tampoco decepciona en sus jefes finales, ni por número ni por variedad de mecánicas. No son para nada repetitivos y todos tienen su contexto y justificación dentro de la historia. Otro acierto más del estudio español.

print (‘Plataformas y Puzles’)

Uno de los aspectos jugables a los que más pegas se le puede sacar a Narita Boy es en la inclusión de sus fases de plataformas. Puede hacerse algo difícil al principio controlar el salto del personaje, quizá por el largo tiempo que se queda en el aire tras pulsar el botón. Esto hace que saltar lateralmente o escalar por las plataformas que nos propone el juego nos pueda llegar a desesperar en alguna ocasión.

Podremos consultar en todo momento los objetivos activos

De todas formas, no hay de qué preocuparse, ya que para facilitar la vida al usuario se incorpora una mecánica por la cual puedes hacer una caída rápida pulsando el joystick hacia abajo, y el juego no penaliza la muerte mucho en estas fases, volviendo casi siempre al mismo punto en el que te encontrabas.

Los puzles que nos piden resolver van a ser la excusa para que nos movamos por las distintas pantallas de cada escenario, explorando cada una de las puertas y descubriendo los secretos en su interior. No son puzles complicados, básicamente tratan de retener en la memoria formas y colores para más tarde introducir un código.

La adquisición de nuevas habilidades es contínua

La dificultad puede venir a la hora de comprobar que Narita Boy no cuenta con mapa alguno y tenemos que estar atentos a crearnos un mapa mental del escenario. Muchos usuarios se han quejado de esto, ya que estamos acostumbrados a que los juegos nos lo den todo en bandeja, pero Narita Boy quiere homenajear en cierto modo a los juegos de los ochenta y es una licencia que personalmente creo que se puede tomar.

Uno de los píxel art más bonitos que hemos visto

A pesar de la avalancha de indies con estilo píxel art que hemos recibido en el mundo de los videojuegos en los últimos años, en este campo existen categorías. Píxel art no tiene por qué ser sinónimo de bajo presupuesto o de solución fácil a la hora de plantear un desarrollo de un videojuego. En el caso de Narita Boy está completamente justificado en el contexto narrativo del juego y, además, es precioso.

Visitaremos la mente del creador para descubrir su pasado

El juego en ningún momento escatima en detalles dentro de los escenarios y con cada nuevo entorno dentro del Reino Digital el Studio Koba ha hecho una obra de arte de diseño y colores. Todo este diseño se pasa por un filtro de televisión de tubo que te adentra de manera brutal en la Narita One y crea una sinergia entre narrativa y gráficos que hacía mucho tiempo no veía. Las capturas del juego no hacen justicia a lo bonito que es en movimiento.

Una banda sonora que completa la inmersión

Junto con una jugabilidad que atrapa y un arte cautivador, la banda sonora es el último elemento del tricoma de Narita Boy. El artista catalán Salvinsky firma unas pistas con una base techno retro que nos transporta a las recreativas más arcade y ochenteras con los avances del 2021. No se limita a crear un sonido retro, sino que hace una magnífica reinterpretación para hacerte sentir en un juego actual con aires clásicos.

Debemos liberar al tricoma para eliminar el código corrupto

Esta música y sus efectos de sonido completan el círculo que hace de Narita Boy una experiencia que merece la pena vivir en primera persona a poco que te llame la atención su propuesta estética y jugable.

Veredicto

He disfrutado muchísimo la obra de Studio Koba, atrapándome desde el primer momento en su ambientación con filtros de TV de tubo y música techno. El juego tiene sus fallos, pero no quedan de manifiesto en demasía gracias a su duración medida y su variedad de habilidades y situaciones.

Un imprescindible para los devoradores de indies que ha salido de lanzamiento den Xbox Game Pass y está disponible también para disfrutar en PC, Nintendo Switch y Playstation.

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Narita Boy

Duración: 8 h.
9

Jugabilidad

8.0/10

Gráficos

9.0/10

Sonido

10.0/10

Innovación

7.0/10

Narrativa

9.0/10

Diversión

9.0/10

Duración

8.0/10

Aspectos Positivos

  • La inmersión en el mundo de Narita Boy es total
  • Gran variedad de mecánicas
  • Una banda sonora para enmarcar

Aspectos Negativos

  • A mucha gente le puede confundir la ausencia de mapa
  • Hay que acostumbrarse al salto del personaje para las fases de plataformas