Análisis de Tested on Humans Escape Room (PC). Toca estrujarse el cerebro

Tested on Humans Escape Room

Escapar de un laboratorio base de resolver puzles no es algo sencillo pero es nuestra única opción en Tested on Humans Escape Room.

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Los puzles siempre han sido uno de los ingredientes habituales en todo tipo de videojuegos, tanto en aventuras como en juegos de rol, incluso en intensos FPS de vez en cuando llega el momento de pararse y pensar un poco para conseguir avanzar en el mapa resolviendo acertijos. Tested on Humans: Escape Room se centra en exclusiva en este tipo de retos y en él tendrás que resolver una serie de enigmas para poder escapar de un centro de investigación. ¿Están listas tus neuronas?

Hasta que la pandemia cayó sobre todos nosotros los Escape Rooms estaban de moda: con la ayuda de un grupo de amigos -o de compañeros de trabajo- tenías que resolver una serie de enigmas en una habitación cerrada antes de que se acabara el tiempo. Cada una de las distintas experiencias contaba con su ambientación correspondiente, permitiéndonos visitar desde un hotel de los años 20 a una fiesta de fin de año; el caso era dejar volar nuestra imaginación para hacernos más apetecibles los retos.

Menudo aterrizaje en este Tested on Humans: Escape Room

En este caso la trama del título que vamos a analizar se ambienta en un centro de investigación bastante siniestro. Afortunadamente mc2games, los creadores del juego, han trasladado la acción a un espacio bastante más amplio que el de una habitación, en este caso -conforme vayamos resolviendo puzles- dispondremos de toda una planta ubicada dentro de esta inquietante localización.

Números y colores, comenzamos como en el cole

Tested on Humans: Escape Room es el segundo título de este estilo que nos ofrece esta desarrolladora. Su anterior obra, Palindrome Syndrome: Escape Room, seguía un estilo muy similar, aunque en esta ocasión la acción se desarrollaba en una nave espacial. Las mecánicas y el motor gráfico de ambos son muy similares, así que es de suponer que sus autores quedaron muy contentos con el resultado ya que han repetido la jugada. Este producto fue publicado en 2020, así que está muy próximo en el tiempo a ésta, su secuela espiritual.

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Toca escapar dándole duro al tarro

Cuando Tested on Humans: Escape Room comienza nos encontramos encerrados en una celda: para poder salir de ella tendremos que resolver nuestros primeros cuatro enigmas, todos ellos encadenados de tal manera que si no resuelves bien uno no podrás pasar al otro. Una vez salgamos de este habitáculo deberemos enfrentarnos a otra serie de retos para conseguir avanzar y así, poco a poco, lograr huir de la instalación científica.

Por lo general Tested on Humans: Escape Room intenta darnos la opción de enfrentarnos a varios puzles de modo alternativo, de tal manera que si te quedas bloqueado en uno de ellos puedas ir a por otro para volver más tarde a solucionar el primero. Los enigmas a los que te enfrentas suelen ser de naturaleza variada, unos son de números, otros de colores, de cartas, de caracteres extraños, etc.

La dificultad de estos varía bastante, los hay muy sencillos mientras que otros son más complejos. En algunas ocasiones, además de tirar de intuición, tendrás que exprimir tu memoria ya que su dificultad vendrá determinada por recordar la posición de ciertos ítems.

Si quieres escapar del laboratorio en que se ambienta Tested on Humans: Escape Room más te vale disfrutar de los números

Estos acertijos están distribuidos por el escenario donde también encontraremos información de referencia para resolver algunos de ellos. Para poder desplazarnos e interactuar con estos disponemos por una parte del clásico movimiento con las teclas W, A, S, D, el ratón y la tecla del inventario (en este caso la tecla I). Tenemos también la opción de jugar con el gamepad, ya que la mecánica del juego no implica límite de tiempo ni precisión y, en este caso, el método de control elegido afecta poco a la experiencia.

El enfoque del producto recuerda a otros juegos ya antiguos como The 7th Guest y su secuela, propuestas en los que tenías que resolver acertijos mientras te empapabas de la historia interactuando con una serie de fantasmas. En este caso, la instalación científica está completamente vacía por lo que en Tested on Humans nos dedicamos a recorrer unas solitarias instalaciones sin ningún tipo de personaje secundario que nos sirva de ayuda o que nos ofrezca información adicional de la razón por la que estamos aquí encerrados.

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Se echan de menos esos diálogos intrascendentes que aportan una visión más completa de la situación, a diferencia de otros títulos clásicos similares. Es cierto que conforme avanzas vas encontrando pedacitos de información que te van situando en la trama, pero se quedan algo cortos.

Y más números, por todos los lados

Tómate tu tiempo para resolver los retos

Tested on Humans: Escape Room da lo que promete, decenas de puzles que suponen un buen reto en los que tendrás que poner a prueba, además de tu ingenio, a tu memoria. Tenemos todo el tiempo del mundo para enfrentarnos a ellos y no tendremos que preocuparnos por la presencia de ningún cronómetro. En esta experiencia no se te obliga a ir deprisa, deja que te enfrentes a ella de una manera sosegada. Todos sus elementos están enfocados a transmitirte una sensación de calma profunda: lo importante aquí no es ser rápido, es hacerlo bien.

No, no es un cajero pidiéndote el pin

Pese a esta falta de amenazas externas y su aparente atmósfera relajada, más de un puzle pondrá a prueba tus nervios, especialmente aquellos en los que no solo tienes que encontrar la solución si no aplicarla utilizando información que has visto en otra parte del escenario, así que, aunque tengas claro cómo resolver el enigma, por el camino más de una vez se te olvidará qué número o posición marcar.

En ciertos momentos de Tested on Humans: Escape Room pensarás que estás en un capítulo de Lost

Visualmente muy parco

El entorno gráfico es muy sencillo y funcional hasta el punto de llegar a dar la impresión de haber sido diseñado mediante recursos gráficos estándar de cualquier librería de interiorismo. Las texturas son bastante planas, así como la iluminación; este aspecto por una parte puede ser criticable, pero por otro lado contribuye a ese aire aséptico que uno espera de un hospital o de una instalación científica de investigación. El motor gráfico empleado, dada esta sencillez, hace que Tested on Humans: Escape Room funcione de manera muy fluida a cualquier resolución: no vas a necesitar un súper PC para jugar a este producto.

Como hemos comentado antes no hay otros personajes humanos, ni animaciones de ningún tipo: el movimiento básico durante la experiencia consiste en manejar la cámara y, cada vez que tenemos que interactuar con algún elemento, hacer uso del puntero sin que se muestre en pantalla ninguna mano humana o algo semejante. No es que consideremos que sea necesario hacerlo, ya que no afecta a la efectividad de las mecánicas, pero habría estado bien tener un poquito más de interacción o feedback cuando ejecutas una acción sobre un puzle, especialmente si ésta supone un acierto.

En Tested on Humans: Escape Room no todo van a ser enigmas numéricos

Queda claro que visualmente Tested on Humans: Escape Room no es la octava maravilla del mundo y permanece a un nivel sencillamente funcional, lo cual es una pena ya que un poquito de personalidad en este apartado junto a elementos para enriquecer la historia de ese laboratorio de investigación le hubiesen añadido algo de salsa al asunto.

Sobriedad sonora

A nivel sonoro, en Tested on Humans: Escape Room se ha apostado por una BSO que oscila entre una música ambiental bastante plana y entre unas melodías de piano con un fuerte tono nostálgico que invitan al recogimiento. Sin duda, estas últimas composiciones suponen lo mejor de toda la partitura que compone esta experiencia. El sonido es muy parco, constando tan solo algunos efectos menores y unos pobres pitidos para informar del acierto. Seguramente si le hubiesen añadido alguna voz humana o algún sonido inquietante el conjunto tendría un poco más de alma.

Toda esta sobriedad en el aspecto visual y sonoro le confieren a Tested on Humans: Escape Room un aire de mesa de operaciones limpio y aséptico donde “operar” con los diferentes puzles sin distracciones: la pena es que quizás ahí estuviera ese picante que le falta a la propuesta. A pesar de esta asepsia artística, los autores consiguen que este título respire melancolía, resultando una experiencia creada para ser jugada en momentos en los que estás bajo de ánimo y necesitas que el producto acompañe. Sin duda, los fríos decorados y la música intimista del piano consiguen ayudar a conseguir esta sensación.

El laboratorio en que se ambienta Tested on Humans: Escape Room da verdadero mal rollo

Veredicto

Nos encontramos ante una obra centrada única y exclusivamente en la resolución de una serie de puzles. El título evita de manera consciente agregar elementos y mecánicas de otro tipo de propuestas: si eres un fanático de este estilo de enigmas te va a gustar, si buscas algo más en un videojuego, ya sea más variedad en las mecánicas o una narrativa más envolvente Tested on Humans: Escape Room va a saber a poco.

Es una pena porque con un poco más de ambición y algunos toques extra para mejorar su atmósfera podría haber pasado de ser un juego de nicho a un título para un público más amplio. Aun así, sin ser este nuestro género favorito, nos encontramos ante una propuesta entretenida y con el que pasar un buen -y algo breve- rato.

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Tested on Humans: Escape Room

Duración: 2 h.
6

Jugabilidad

7.0/10

Gráficos

5.0/10

Sonido

5.0/10

Innovación

5.0/10

Narrativa

4.0/10

Diversión

7.0/10

Duración

6.0/10

Aspectos Positivos

  • Los puzles siempre tienen su lógica
  • Es complicado quedarte atascado si insistes en dar con la solución
  • El mensaje final al terminarlo es muy emotivo

Aspectos Negativos

  • Puede llegar a resultar monótono
  • Su aspecto gráfico denota poca personalidad
  • No le vendría mal algo de información extra sobre la historia