Analista de videojuegos. Todo por un sueño

Analista de videojuegos. Una dura, a la par que satisfactoria, experiencia

A las puertas de la novena generación, reflexionamos sobre la labor del analista de videojuegos en un mercado cada vez más demandante y masificado.

Por fin, después de centenares de anuncios, miles de suposiciones y enfrentamientos eternos en las redes sociales, nos encontramos a las puertas de la novena generación. Una época que, de entrada, se nos antoja turbia, con muchas luces y sombras, y que quizás supone el escenario de salida de nuevas consolas más extraño que hemos podido vivir en la corta pero intensa historia de los videojuegos.

En ese contexto, tanto Microsoft como Sony han mostrado ya sus cartas o, al menos, y a falta de sorpresas, aquellos videojuegos que acompañarán el lanzamiento del nuevo hardware en forma de títulos que podremos disfrutar desde el glorioso día uno. Como si de valientes espartanos escoltando a su rey Leónidas en el paso de las Termópilas se tratara, obras del calibre de Demon´s Souls o Yakuza Like A Dragon estarán presentes en el desembarco de la next-gen en nuestros hogares.

Este mes de noviembre de 2020 marcará el inicio de la novena generación de videojuegos

Será entonces cuando millones de usuarios en todo el mundo disfrutarán de todas las bondades prometidas y sentirán en sus propias carnes y estímulos todo lo que Playstation 5 y Xbox Series X/S vienen a ofrecer. Solo quedará atesorar el momento, gamepad en mano, y sumergirnos sin prisas en esta nueva experiencia que nos ofrece el mundo de los videojuegos.

Retroanálisis de Mega Man 2

Atesorar el momento…gamepad en mano…sin prisas… Alto. ¿Cuánto hace que no sientes algo así? Doy por sentado que muchos de los que leáis estas líneas seréis amantes incondicionales del décimo arte y, entre todos ellos, habrá también quienes tengáis la suerte, como yo, de poder escribir o crear contenido relacionado con el medio. Y en este contexto utilizo la suerte como sinónimo de recompensa, buscando englobar en un solo término cada uno de los minutos durante los cuales nos dejaremos la piel en el artículo, edición y proyecto que realicemos.

Y sí, hablo de dormir menos, escribir más, crear sin descanso y aprender a alegrarnos con cada pequeño logro, porque estos cimentarán las bases de nuestro siguiente esfuerzo. Es un ciclo continuo en el que decidimos entrar sin arnés ni paracaídas. Sin saber dónde llegará ni cuál será nuestro destino.

¿El motor de impulso? Los videojuegos, por supuesto. Son ellos los que dan sentido a este camino no exento de baches y piedras y a ellos a los que nos rendimos, cuales deidades, para justificar tanto sufrimiento. Porque sí, no es un camino fácil, ni mucho menos. Y no lo es, sobre todo cuando tu máxima es la de ofrecer contenido de calidad para que cada lector, oyente o espectador pueda disfrutar de los mejores artículos, noticias o análisis.

En ese sentido, los que nos dedicamos a esta noble empresa de crear contenido en el mundo de los videojuegos luchamos de modo inherente a contrarreloj. No hay más opción. Porque para que tú, lector, tengas la posibilidad de ser guiado o aconsejado de manera apropiada en tu próxima adquisición, nosotros testeamos, probamos y jugamos hasta pasada la madrugada, llegando a veces hasta la extenuación, cualquier título. Ya sea un esperadísimo triple A o el juego indie más desconocido. Podría parecer el deseo utópico del gamer, ¿no?

El número de videojuegos que se lanzan cada semana es apabullante. No hay analista para tanto juego

Pues sí… y no. Desde hace tiempo contamos con innumerables lanzamientos semanales que engrosan nuestras bibliotecas virtuales y físicas. Un caudal inagotable de obras que abultan los catálogos y ofrecen una variedad sin precedentes. Centenares de títulos a los que nosotros, aficionados o profesionales del medio, seguimos la pista desde su anuncio, y a los que acabamos dedicándoles parte de nuestro tiempo para desengranarlos y exponerlos por piezas al mundo.

El laberinto de las tiendas virtuales: ¿Dónde está mi videojuego?

Porque sí, somos analistas de videojuegos. Me gusta especialmente una de las definiciones de la RAE del vocablo: “Observador habitual de un campo de la vida social o cultural”. Realmente esta acepción me parece muy ajustada al momento actual de la industria; nunca los videojuegos habían tenido tanto impacto ni repercusión en términos económicos o mediáticos y tampoco en su vertiente laboral.

Cada vez somos más los que trabajamos y buscamos hacernos un nombre que resuene con fuerza en el sector. Creo que el objetivo es claro: convertir tu pasión en tu método de ingresos, para poder subsistir creando y manteniéndote enfocado en lo que realmente te apasiona. Pero, para todo ello, permitidme volver atrás en mi discurso.

La verdad, ya casi ni me acuerdo de la última vez que pude dedicar cien horas a un solo título. Hace mucho más que no juego por el simple hecho de jugar, que no me siento sencillamente a disfrutar. No me malinterpretéis: gozo al escribir sobre lo jugado, al plasmar mis opiniones y pensamientos, y me alegro enormemente cuando el fruto de mi tarea es leído o visualizado. Aún más si cabe si mi aportación ha gustado, por supuesto. Pero, a la vez, no me dejo de preguntar, ¿Estamos siendo justos con aquello que tanto queremos?

¿Existe un equilibrio entre lo que nos apetece disfrutar y lo que jugamos forzados para analizar? En este sentido, ¿se puede ser objetivo con una obra? Y, de hecho, ¿puede tener más valor un análisis objetivo de un videojuego que uno subjetivo en el que intervengan las sensaciones y emociones?

Sea como fuere, desde aquí, sentando enfrente de mi escritorio, doy las gracias. Gracias a todos los que dedicáis el cuerpo y alma a nutrir este momento histórico con vuestro empeño y desarrollo. Gracias a los que no dormís para terminar un análisis antes de la fecha de embargo. Gracias a los que dejáis al lado vuestra vida personal para ofrecer la mejor versión de vuestro trabajo al usuario. Agradecido estoy de corazón de tener en mi entorno a buenas personas, que aman y respetan los videojuegos y aportan día a día sin condiciones. Os entrego mi amor incondicional.

Gracias.