Análisis de The Elder Scrolls: Blades (Switch). La entrega gratuita llega a Nintendo Switch

Analisis de The Elder Scrolls: Blades. Entrega gratuita con poca magia que ofrecer

Análisis de The Elder Scrolls: Blades. La entrega gratuita llega a Nintendo Switch

En el E3 de 2018 a muchos nos dio un vuelco el corazón cuando 7 años después de nuestro último viaje a la región nórdica de Skyrim con la quinta entrega de la saga The Elder Scrolls, Bethesda Game Studios nos mostró un breve teaser del siguiente capítulo, haciéndonos creer que relativamente pronto podríamos volver a perdernos en los maravillosos mundos de aventura a los que nos tienen acostumbrados.

Desgraciadamente no fue así, y dos años después seguimos suspirando y soñando con nuestro próximo viaje a Tamriel. Aunque Bethesda quiso darnos un pequeño regalo para amenizar la espera, y el año pasado la saga llegó por primera vez a teléfonos móviles con The Elder Scrolls: Blades, título que un año después aterriza en Switch gratuitamente para complementar las aventuras del Dovahkiin en la portátil de Nintendo.

Esta entrega es un “spin-off” que se desarrolla durante la Cuarta Era dentro del lore de The Elder Scrolls, y un tiempo después de la “Gran Guerra”. Encarnaremos a un antiguo miembro de los “Cuchillas” (de ahí su sobrenombre “Blades”), un grupo legendario de élite que han servido como guardias y espías al Imperio de Tamriel durante generaciones, y que reconoceremos si somos asiduos a la serie. A pesar de su habilidad, los Cuchillas son en su mayoría superados, asesinados y disueltos como resultado de la guerra, viéndose los pocos supervivientes forzados a exiliarse.

Nuestro personaje, bajo la constante sombra de la muerte a manos de Altmer el Thalmor, buscará refugio en su antigua ciudad, aunque lejos de encontrar paz, su hogar le recibirá entre escombros y ruinas a causa de una nueva amenaza: un grupo de mercenarios, contratados por la Reina Sangrienta, que ha saqueado la ciudad. Pronto descubriremos que este no es tampoco el mayor de nuestros problemas, ya que además de los peligrosos mercenarios, nuestra tierra natal ha sido invadida por todo tipo de criaturas como esqueletos, trolls o trasgos.

Si bien la historia no va a ser ni la más épica ni compleja de la saga, sí que mantiene ciertos elementos narrativos similares a los que vimos en Skyrim, como la posibilidad de diferentes respuestas en nuestras conversaciones, o NPCs con los que podremos hablar sin otra finalidad más que obtener pinceladas de la historia y del mundo construido para el juego.

Esto nos resultará familiar ya que consigue mantener rasgos personales de sus entregas principales y se siente un paso por encima de otros títulos de Smartphone del mismo género, en los que en muchas ocasiones, se opta por incluir una historia más bien genérica como pretexto para que el jugador haga las cosas que hace durante el desarrollo de la aventura.

Combate, explora y construye

The Elder Scrolls: Blades nació como un juego para móviles y eso es algo más que evidente en su jugabilidad, construida sobre 3 pilares: la  ciudad, el abismo y la arena. En la primera, bastante entretenida y atractiva, deberemos encargarnos de reconstruir la ciudad con los distintos materiales y recursos que vayamos encontrando en nuestras aventuras. De ese modo podremos personalizar la ciudad a nuestro gusto.

No he tenido la sensación de estar ante una barrera de exigencia en cuanto a recursos que nos obligue a pasar por caja, algo muy de agradecer y de poner en valor en este tipo de juegos.

Es cierto que la personalización es limitada ya que solo podremos construir los edificios en solares preestablecidos, pero se agradece esta opción y se le coge cariño a una ciudad que tiene sus casas y tiendas ubicadas donde hayamos decidido, decorada además con ciertos adornos como arbustos, árboles o esculturas que harán que cada vez que la visitemos nos sintamos realmente en casa. Estas gestiones nos pedirán más tiempo y recursos a medida que las construcciones sean superiores y aquí es donde entra el modelo free to play.

Los tiempos de construcción pueden llevar horas en ocasiones, que pueden ser obviadas utilizando diamantes, la típica moneda de pago que todo free to play tiene, aunque podemos conseguirla jugando con relativa facilidad. Lo mismo ocurre con los distintos materiales, que podemos sustituir por estas gemas en caso de que nos falten, o utilizarlas en las distintas tiendas para conseguir las tareas que asignemos de manera inmediata. Entre dichos trabajos, encontraremos los mismos que en una entrega principal de la saga.

Podremos comprar armas o armaduras, fabricarlas, mejorarlas o repararlas, realizar diversas pociones y venenos o encantar nuestro equipo. Todo este nivel de personalización tanto para el personaje como para la ciudad, es uno de los puntos más atractivos del juego y pese a ser un título de modelo gratuito con micropagos, no he tenido la sensación de estar ante una barrera de exigencia en cuanto a recursos que nos obligue a pasar por caja, algo muy de agradecer y de poner en valor en este tipo de juegos.

La personalización del personaje y su equipamiento es bastante completa

Desgraciadamente cuando salimos de la ciudad en busca de aventuras y desafíos con los que conseguir de estos recursos, la cosa empieza a torcerse de manera abrupta. Bien es cierto que las misiones principales, que nos darán en la ciudad, son relativamente interesantes, los escenarios son más bien pasilleros, pero podremos encontrar algunos cofres, recursos de fabricación e incluso algunas zonas secretas. En ciertas misiones incluso interactuaremos con algunos personajes para avanzar en la trama, y presenta una variedad decente de escenarios.

Sin embargo, el núcleo central de las exploraciones; los combates, se desgastan y acaban en la monotonía demasiado pronto, algo entendible viniendo de donde viene, ya que esta simplicidad es coherente con la pantalla de un teléfono, al trasladarla sin ningún cambio a la consola, nos encontraremos con peleas que consisten, básicamente, en alternar los gatillos para ir golpeando de izquierda a derecha en combates uno contra uno.

El juego eso sí, nos premiará si somos precisos con impactos críticos, podremos también utilizar habilidades ofensivas y hechizos de ataque u otros defensivos amén de poder levantar nuestra arma o escudo si lo llevamos para bloquear los ataques enemigos, a los que dejaremos aturdidos si les paramos en el momento justo.

Lo más entretenido y funcional del título son las misiones de la campaña y tareas que nos darán en nuestra ciudad mientras la vemos crecer con ilusión

No obstante, las posibilidades en la personalización de clase están muy limitadas, olvidaros de usar un arco por ejemplo, del sigilo, o incluso de convertirnos en un poderoso hechicero que no necesite de armas, podremos darle más peso a la magia o la resistencia y ser más mágico o físico, pero nunca llegaremos a clases centradas únicamente en la magia o el ataque como si podemos hacer en cualquier entrega principal de la franquicia.

Esto realmente no está del todo mal, como digo, aunque simples por su origen, los combates son perfectamente funcionales con las opciones que tienen, pero los problemas vienen por desajustes más profundos dentro del diseño. Para empezar, el  nivel tiene un peso infinitamente superior a la habilidad en el combate, de manera que si nos enfrentamos a un enemigo uno o dos niveles por debajo del nuestro, este nos hará una cantidad irrisoria de daño, y nosotros le machacaremos de pocos golpes incluso si nos bloquea.

Por el contrario, si el enemigo nos supera en nivel, sufriremos en nuestras carnes ese mismo problema, encontrando rivales a los que por mucho que aturdamos y superemos ampliamente en habilidad, no seremos capaces de derrotar, ya que incluso bloqueando sus impactos, nos restaran una gran parte de nuestra vitalidad.

Las mecánicas del combate para la pantalla de un móvil son suficientes, pero en consola se quedan cojas

Tal desajuste provoca que los combates no lleguen nunca  despegar, ya que con un nivel igual o superior al enemigo, podremos ganar sin ninguna dificultad, y en caso contrario seremos aplastados sin opciones, pero nunca (o rara vez) llegaremos a disfrutar de un combate igualado, desafiante, en el que jugar bien nuestro ataque, defensa y habilidades sea lo que decida el vencedor y también hay algunos problemas de balanceo con ciertas habilidades como por ejemplo la de veneno.

Aquí no acaban los problemas, tendremos que lidiar también con problemas de rendimiento en algunos puntos realmente preocupantes, que nos darán más de un disgusto intentando pelear e incluso algunos bugs, como uno (bastante recurrente además) en el que nuestra arma se quedará atascada en la posición de ataque. Si optamos por adentrarnos en el abismo, la mazmorra procedural infinita con la que cuenta el título, la experiencia no es mucho mejor. El abismo se siente como una oportunidad perdida de hacer una experiencia “rouge-like” realmente entretenida e interesante a causa de las decisiones de diseño tomadas en este apartado por parte de Bethesda.

En lugar de crear plantas con ramificaciones o zonas en las que encontrar recursos y cofres (como si hay en las misiones de la campaña) se han limitado a crear pasillos en los que combatir contra enemigos, pero nada más, las diferentes plantas son casi clónicas entre sí, y los únicos beneficios, aparte de dinero y experiencia al combatir o bajar pisos, son objetos que iremos recibiendo a medida que combatimos y que irán mejorando en calidad cuanto más aguantemos.

Aparte de lo aburrido del diseño, entran en juego los problemas de balanceo y por ello nuestra aventura en esta mazmorra será breve, ya que en cuanto pongamos los pies en una planta con algún nivel por encima del nuestro, avanzar será casi imposible. Una auténtica lástima y ojalá en algún momento se opte por cambiar el planteamiento de esta parte del juego mediante alguna actualización, porque añadiendo exploración en las distintas plantas, con bifurcaciones o zonas amplias en las que encontrar recursos y tesoros, el título ganaría enteros.

El juego mantiene un sistema de conversación similar a las entregas principales

Por último, queda hablar de la Arena, el modo jugador contra jugador, en el que lo único que podemos hacer es combatir, teniendo en cuenta lo dicho sobre el combate, era de esperar que la experiencia no fuera la más interesante del género, pero ha resultado peor incluso, ya que aparte de los problemas mencionados, aquí hay que sumar dos adicionales.

El primero, es un sistema de matchmaking que parece no tener filtro, en el que me encontré en mis primeros combates con jugadores que me hacían 1 punto de daño aunque no me defendiera, a los que machaque de un par de golpes y que en el tercero topé con un enemigo al que no pude tumbar por muchos golpes que le propiné. Si a esto le sumamos un lag considerable en un sistema de combate que se centra en el “timing” el resultado es nefasto, dejado una sensación frustrante al jugador e invitando poco o nada a pasarse por este modo.

Al final, lo más entretenido y funcional del título son las misiones de la campaña y tareas que nos darán en nuestra ciudad mientras la vemos crecer con ilusión, algo a lo que acompañan distintos desafíos diarios y semanales con los que conseguir jugosos objetos y recursos, en este sentido no se puede negar que el título es generoso y se agradece.

Paisajes y canciones de Tamriel

Visualmente es cierto que no sorprende al verlo en una Switch, la consola tiene en su haber títulos mucho más potentes y atractivos que este, pero nuevamente no debemos olvidar su origen y con ello en mente, es cierto que el apartado gráfico del título cumple. Eso sí, la gran parte de escenarios y personajes del juego son reciclados de Skyrim pero estos últimos por ejemplo han sido mejorados especialmente en las caras, siendo ahora mucho más sencillo crear un humano con una cara épica y atractiva si lo deseamos.

No obstante cuesta bastante concentrarse en lo bueno a nivel visual, cuando el juego tiene unos problemas de rendimiento tan graves u otros detalles gráficos poco pulidos como un “clipping” bastante evidente o un diseño de las distintas mazmorras y bosques que se repiten en exceso.

En lo sonoro, no se le puede poner muchas pegas, las melodías son muy familiares con el estilo de la saga, tranquilas y bonitas en la ciudad o tensas y épicas en combates, aunque es cierto que el repertorio musical es bastante escaso. Reconoceremos también todos los efectos de sonido de las distintas criaturas, los golpes de nuestras armas y los distintos hechizos. El juego se encuentra correctamente traducido al castellano, con voces en inglés.

Levantar la ciudad de entre los escombros y personalizarla a nuestro gusto es uno de sus puntos fuertes

Veredicto

The Elder Scrolls: Blades es una experiencia que claramente nació para jugarse en un teléfono móvil, sin muchas pretensiones y en partidas rápidas. En ese sentido, el juego funciona, y si fuera la versión de Smartphone la analizada en este texto posiblemente la valoración sería algo más positiva. Pero en Nintendo Switch la experiencia funciona a medias, incluso siendo gratuito, se me ocurren pocos motivos por los que dedicar mi tiempo jugando a este título teniendo otras propuestas también “free to play” muy superiores.

No solo esto, el port tiene problemas graves de rendimiento, algunos bugs y de sus tres pilares jugables, solo uno funciona. Eso sí, siendo gratuito no perdéis nada por darle una oportunidad y tal vez os encontréis entretenidos a ratos haciendo misiones breves y mimando vuestra ciudad.

The Elder Scrolls: Blades

Duración: Incalculable
5

Jugabilidad

5.0/10

Gráficos

5.0/10

Sonido

7.0/10

Innovacion

5.0/10

Aspectos Positivos

  • La personalización de personaje y ciudad funcionan bien
  • Generoso en contenido y recursos
  • Buen apartado sonoro

Aspectos Negativos

  • Desajustes importantes en la dificultad y combates
  • Problemas de rendimiento, bugs y lag
  • El abismo está muy desaprovechado