Una nueva gran crisis de la industria del videojuego

La segunda gran crisis del videojuego empieza en el 2020

La segunda gran crisis del videojuego empieza en el 2020.

Crisis es un termino que viene de la palabra griega krisi, que deriva del verbo Krinein que significa separar o decidir. En el contexto en que quiero enfocar mis palabras, la crisis a la que me refiero no tiene nada que ver con ninguna gran depresión, sino con un cambio brusco, una ruptura o un punto de no retorno que se puede producir en los próximos años.

Durante el último año y medio tengo la sensación de que hemos vivido una especie de guerra fría entre Sony y Microsoft. Una partida de ajedrez donde aparentemente las dos compañías estaban estudiándose, atentas al movimiento del contendiente y moviendo sus fichas con cautela. El pasado lunes 22 de septiembre, Microsoft se levantó súbitamente y tiró el tablero al suelo, soltando una bomba nuclear de 7.500 millones de megatones… quiero decir, de dólares mediante el anuncio de que había comprado Zenimax Media. Sagas de renombre como Doom, The Elder Srolls o Fallout, entre otras, pasarían a ser propiedad de Microsoft.

Sony y Microsoft ya están preparadas para dar el salto. Una nueva gran crisis de la industria del videojuego.

Hablemos de cifras. La compra de Lucasfilm por parte de Disney, una de las operaciones más sonadas de la historia del cine, fue de 4.000 millones de dólares. El beneficio neto de Nintendo en 2019, siendo uno de sus mejores años fue de 1.555 millones de euros, el de Sony en su división de PlayStation fue de 3.750 millones de euros. Con estos datos nos podemos hacer a la idea de la burrada de dinero que ha invertido la compañía norteamericana en esta macrooperación.

Según el analista Daniel Ahmad, la división de Xbox tuvo unas ganancias el último año fiscal de 11.580 millones de dólares, aunque no disponemos de datos oficiales por parte de la compañía. Lo que queda patente es que, en estos tiempos de pandemia, donde el maldito virus ha causado mella en otros sectores, la economía de la industria parece estar muy sana y las expectativas muy altas.

Está claro que la división de Xbox tiene una matriz que está invirtiendo en esta industria. Phil Spencer, “Tito Phil” para los amigos, tiene carta blanca por parte de la compañía de Bill Gates para realizar este tipo de operaciones que, aunque en un principio pueda parecer que van a generar pérdidas, pueden asimismo responder al deseo por parte de los jefazos de Microsoft de realizar un cambio de paradigma en la industria.

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Skirym ya es propiedad de Microsoft. Una nueva gran crisis de la industria del videojuego.

Este cambio de paradigma sería la apuesta por los servicios de subscripción como el Game Pass, donde los títulos adquiridos tras esta macroperación engrosarían la ya atractiva lista de juegos con la que cuenta el servicio. El anuncio, desvelado un día antes de la apertura de reservas de las nuevas Xbox Series S y Xbox Series X, ha tenido su eco en el consumidor provocando que las reservas se agotaran en cuestión de horas.

Mientras tanto Sony parece ir por otro camino realizando anuncios que parecen sugerir un cambio de paradigma menos beneficioso para los consumidores: tras su conferencia anunció que sus grandes exclusivos pasarían a costar 80 euros y, posteriormente, hemos sabido que para tener la actualización de Spiderman para la nueva generación habrá que pasar por caja. La compañía nipona parece noqueada tras los movimientos de su competidora y no parece que ni siquiera haya activado el estado de alarma ni mucho menos ha entrado en crisis, sobre todo tras el éxito de su (confusa) campaña de reservas.

Crítica a los críticos de videojuegos

Uno supone que ese estado de calma (previo de la crisis que anuncio) será consecuencia de la confianza adquirida tras haber reinado durante esta octava generación que dejamos atrás. Esa misma confianza que tuvo en aquellos tiempos de PlayStation 2, cuando se dispuso a sacar su sucesora a 600 euros (logrando superar la crisis surgida tras el mal arranque en ventas) o cuando propuso una PlayStation 3 difícil para los desarrolladores, frente a una Xbox más barata y más accesible para las third parties.

Seré honesto con los que me estáis leyendo, soy sonyer, pero eso sí, alejado de cualquier tipo de guerra sin sentido en este nuestro hobby. Lo soy porque, después de mi etapa con NES y Super Nintendo, crecí con cada una de las PlayStation numeradas, y aunque existen razones de peso para pasarme a otras plataformas como el PC o la propia Xbox, la pasión me puede más que la razón. Aunque esta vez, por primera vez en mi vida, tras haber reservado mi PlayStation 5, me siento atraído por adquirir una Xbox.

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El plato fuerte que respalda el lanzamiento de la nueva Xbox es un servicio de subscripción. Una nueva gran crisis de la industria del videojuego.

Si las adquisiciones de Microsoft y su oferta de servicios sirven para que en el mercado del videojuego se equilibre la balanza entre Sony y Microsoft, y que estas peleen para ofrecer unos servicios muchos más atractivos para el consumidor, bienvenido sea. Pero también se puede correr otro riesgo y es que Xbox pretenda vivir de la memoria de todas aquellas grandes sagas adquiridas, desarrollando títulos divertidos, pero sin alma, para su servicio de suscripción mensual. Recogiendo las palabras de Jim Ryan, presidente de Sony Interactive, la oferta que ofrece Microsoft es insostenible.

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Desarrollar una superproducción es muy costoso: en esta generación que dejamos atrás tenemos ejemplos como Red Dead Redemption 2 o The Last of Us: Parte 2. Estos gastos no solo se derivan hacia un mejor apartado técnico, sino también hacia un cuidado apartado artístico, una banda sonora a la altura y un guion elaborado. Todos estos apartados componen el alma de un juego y el alma tiene un precio. Un coste que tal vez un servicio de subscripción no pueda sufragar.

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Tal vez estemos renunciando a grandes superproducciones como Red Dead Redemption 2. Una nueva gran crisis de la industria del videojuego.

Phil Spencer ha recalcado alguna vez que su rival para esta nueva generación que empieza no es Sony, y debo darle la razón. Esta generación que empieza no será una guerra de marcas más, esta generación es una guerra entre dos modelos de negocio diferente: El de toda la vida, representado por Sony y Nintendo, basado en el lanzamiento al mercado de una nueva plataforma y nuevos títulos a precio de lanzamiento y una nueva representada por Microsoft, basada en los servicios de subscripción, aparentemente más atractiva para el consumidor. ¿Saldrá de esta crisis un modelo ganador?

Microsoft está vendiendo bien su propuesta, mientras Sony sigue en su letargo, acomodada, aparentemente sin darse cuenta de que, en esta generación, ahora más que nunca se decidirá el futuro de la industria. Se le ve despreocupada del tsunami que se está elevando en el horizonte, de esta crisis, sin resguardarse antes de que la realidad le golpee con toda la fuerza de un leviatán.