Historia de los videojuegos XXII: Más allá del futuro (2020-2022)

Historia de los videojuegos capítulo 22

Acabamos, por ahora, nuestra versión de la historia de los videojuegos con un capítulo en que las consolas de nueva generación irrumpen con fuerza pero, por culpa de la crisis de semiconductores, con menos presencia de la deseada.

Microsoft y Sony llevan año protagonizando una épica guerra, solo comparable a los lejanos tiempos de la lucha entre Sega y Nintendo. Más allá de ser una guerra sucia y con salidas de tono, podríamos definir dicha contienda como un enfrentamiento táctico: una guerra fría, una partida de ajedrez con estrategas como Phil Spencer que ha sido capaz de hacer retomar el vuelo a la norteamericana. Esta relación está definiendo sin duda el futuro de este mundo en los años venideros.

Cada compañía tiene una visión de lo que debe ser esta industria: Nintendo se mostraba cómoda apostando por la innovación y otras como Google insisten en que el futuro pasaba por la oferta de servicios. El servicio de streaming Google Stadia llegó a nuestras vidas hace dos años, pero casi pasó desapercibido entre los usuarios por una sencilla razón, el mundo miraba hacia otro lado.

Los albores de una nueva generación de videojuegos

Se llevaba tiempo rumoreando en que Microsoft estaba trabajando en una nueva máquina dentro del llamado Project Scarlet. En los Games Awards de 2019 se mostró la apariencia de la nueva máquina y su nombre, Xbox Series X. En este caso, la compañía de Redmond dio el primer golpe sobre la mesa empezando un ciclo de anuncios y rumores que tanto nos entretuvo.

Xbox Series X. La videoconsola más potente de la historia de los videojuegos

Unos meses después, Sony anunciaba el nombre y el logo de su nueva videoconsola, PlayStation 5. Todos deberíamos haber estado celebrando la llegada de una nueva plataforma en la que jugar, pero estábamos a las puertas del 2020, en pleno reinado del veredicto de las redes sociales. En estos tiempos todo estaba mirado por lupa, los memes se sucedían en la red y cada evento se convertía en una auditoría para las dos grandes.

Mientras que Sony y Microsoft establecían su peculiar partida de ajedrez, exhibiendo incluso muestras de respeto la una de la otra, las comunidades videojueguiles mantenían en las redes aquella peculiar y clásica guerra sucia. Mientras tanto, las dos multinacionales iban a lo suyo, expectantes eso sí, al precio de la videoconsola rival, a las especificaciones técnicas o a los títulos que acompañarían la salida de las máquinas o su fecha de lanzamiento.

Si Phil Spencer tosía, Mark Cerny también lo hacía al cabo de unos días y si una mostraba sus componentes, la otra debía hacer lo propio. Esa información a cuentagotas por ver el movimiento de la competencia envolvió a los dos sistemas de un misterio y expectación, tal vez nunca visto en la industria del videojuego.

PlayStation 5 sería la apuesta de Sony para una nueva generación de videojuegos

Sony no anunciaría el precio de su nueva plataforma mientras que Microsoft no hiciera lo propio. Sony no mostraría sus primeros juegos de lanzamiento hasta que Xbox no enseñase Halo Infinite. Así, las dos compañías mostraban también la arquitectura y los componentes con los que estaban hechos los dos buques insignia de la novena generación  y así fue durante todos los largos meses que precedieron el lanzamiento de las dos máquinas.

El 10 de noviembre de 2020 saldría a la venta la que se postularía como la videoconsola más potente de la historia, Xbox Series X, con una CPU de 8 núcleos y disco duro SSD combinados con un software optimizado y soporte para el trazado de rayos. PlayStation 5 tendría un lanzamiento escalonado, el 12 de noviembre en Asia y Australia y el 19 del mismo mes en el resto del mundo.

PlayStation 5 también contaría con una unidad SSD y soporte de trazado de rayos y una CPU de ocho núcleos. Además, se cumplió el reclamo de muchos consumidores; retrocompatibilidad, al menos con títulos de PlayStation 4 y un mejor sistema de ventilación que evitaba tener la sensación de estar jugando con un reactor.

Así las dos videoconsolas abrirían la generación con sus fortalezas, destacando en Sony el audio 3-D y el mando DualSense, que implicaba un verdadero salto de generación en cuanto a periféricos se refería, gracias a su sistema de retroalimentación háptica o sus gatillos adaptativos.

Además, mostraría sus nuevos exclusivos donde sobresaldría el remake de Demon’s Souls desarrollado por BluePoint y que introduciría a más de uno al género Souls, al tratarse de un juego de lanzamiento de Sony. Microsoft debutaría sin exclusivos destacables en la generación, aunque no le haría falta por que estaba a punto de romper la baraja.

El remake de Demon´s Souls sería una de las primeras bazas que presentaría PlayStation 5

Microsoft se enroca en la partida de ajedrez

Parecía que la partida de ajedrez se prolongaría durante toda la generación en un intercambio de golpes que mostraría las bondades en forma de exclusividades de una y otra videoconsola. Pero la industria estaba a punto de cambiar como nunca lo había hecho. Dos meses antes de la salida de las videoconsolas pioneras de esta nueva generación, el 21 de septiembre de 2020 Microsoft hacía publica la compra de ZeniMax Media.

Gracias a esta adquisición, la compañía de Redmond se hacía con todo un conglomerado de históricos desarrolladores como Bethesda, responsables de sagas como Fallout o The Elder Scrolls o el mítico ID Software, el emblemático estudio que hizo nacer sagas como Doom o Wolfenstein.

Pero la partida no acabó ahí. En enero de 2022, Microsoft anunciaba la adquisición de Activision Blizzard por más de 68 billones de dólares, Sagas como Call of Duty, Word of Warcraft o el mismísimo Crash Bandicoot que había nacido como mascota de la primera PlayStation, pertenecían ahora a Microsoft. En Sony se sintió el seísmo, al día siguiente del anuncio de la compra, las acciones de la multinacional nipona habían caído un 13%.

La compañía japonesa respondería a las pocas semanas comprando Bungie por 3’6 billones de dólares, haciéndose dueña de propiedades intelectuales como Destiny: podría ser que la adquisición del estudio que había creado los primeros Halo fuese toda una declaración de intenciones. Además, Sony anunció que seguiría adelante con la compra de más desarrolladoras. La guerra de las adquisiciones había llegado.

Microsoft iba con todo para asaltar la nueva generación de los videojuegos

Las grandes desarrolladoras de videoconsolas no serían las únicas que se moverían en el mercado con la intención de adquirir nuevos estudios. Sin ir más lejos en mayo de 2022 Square Enix vendía la mayoría de sus estudios occidentales al holding sueco Embracer Group; grandes franquicias como Deus Ex, Hitman o Tomb Raider o desarrolladoras como Crystal Dynamics serían propiedad este conglomerado que cuenta en su haber con estudios destacados como THQ, Sable o Koch Media, convirtiéndose en uno de los mayores gigantes de la industria.

Microsoft había tirado todas las fichas con un golpe de talonario, parecía que la partida había terminado dado que ni Sony ni Microsoft jugaban ya al mismo juego. Más que una guerra por ver quién se llevaba la generación, la confrontación se había convertido en la apuesta por dos modelos de negocio diferente. El más tradicional representado por Nintendo y Sony y que apostaba por blindar de títulos exclusivos una plataforma y un nuevo modelo de negocio que llevaba perfilándose los últimos años y que apostaba por los servicios.

Si algo habían dejado claro las dos pioneras de la nueva generación es que apostaban fuerte por el formato digital. Sony lanzaría dos líneas de videoconsolas, diferenciadas únicamente por la ausencia de lector de soporte físico, lo que abarataba el precio de la PlayStation 5 digital.

Mientras tanto, Microsoft lanzaría al mercado además de su Series X, la Xbox Series S, una videoconsola de características inferiores pero que aun así exponía como principal atractivo el producto estrella de Microsoft, el Xbox Game Pass, contando con un amplio catálogo además de los títulos de los estudios recién adquiridos y todo a cambio de 12’ 99 euros al mes.

Sony respondió para el debut de PlayStation 5 con el servicio PlayStation Plus Collection, donde los suscriptores de PlayStation Plus podrían gozar de una serie de títulos que habían triunfado en PlayStation 4; eso sí, para algunos la propuesta se quedó escasa en comparación a todo lo que ofrecía Microsoft.

Así, este cambio en el ecosistema obligó a Sony a replantearse su estrategia con el lanzamiento de algunos de sus exclusivos en PC o con la reconversión de su servicio PlayStation Plus en junio del 2022, ofertando diferentes opciones a gusto del consumidor: Essential, Extra y Premium, tratando de hacer frente al Game Pass de Microsoft.

Lo que estaba claro es que al jugador lo que le importaba era jugar y no las guerras empresariales. Así que tras un 2021 algo escaso en cuanto a títulos donde lo más destacable fue Halo Infinite para las plataformas de Microsoft, el 2022 empezaría por todo lo alto con títulos como el exclusivo de Sony Horizon Forbbiden West o la nueva genialidad de Hidetaka Miyazaki, ,que en esta ocasión contaría con la colaboración del mismísimo autor de “Juego de Tronos” George R.R. Martin, con Elden Ring, un título que se llevaría la nota perfecta en varios medios de la prensa especializada.

La formula souls llegaría a las masas con Elden Ring

Escasez de diversión

Varios factores influyeron para provocar un lento arranque de la novena generación de videojuegos: En primer lugar, la pandemia había reducido la producción en las fábricas de componentes electrónicos. En segundo lugar, la crisis de suministros derivada de un mundo que cada vez más demandaba componentes electrónicos para cada uno de los útiles de nuestra vida cotidiana.

Otra causa que tendría peso en el mercado de los videojuegos es la eclosión del mundo de las criptomonedas y es que para minar el nuevo metal digital no había nada como una buena tarjeta gráfica, por lo que los usuarios de PC que quisieran adquirir las de última generación también se verían perjudicados.

Por descontado el inicio de una generación de videojuegos siempre ha sido lento, una época de transición hasta alcanzar unos nuevos estándares y mientras tanto, todo el que podía se hacía con una nueva máquina con la que jugar, pero… ¿alguien dudaba de que si durante la pandemia hubo gente que especularía con el papel higiénico, no haría lo propio con las tan deseadas videoconsolas de nueva generación?

Adquirir las nuevas máquinas se había convertido en una misión imposible, las reservas se agotaban en menos de un “click” y los especuladores campaban a sus anchas vendiendo las videoconsolas por el doble de su precio de venta al público. Tal vez dicha situación provocase que títulos como Spiderman: Miles Morales, Horizon: Forbiden West o God of War: Ragnarok se anunciaran como juegos intergeneracionales, lo que haría que no se exprimiese todo el potencial de las nuevas máquinas.

Mientras tanto, en la acera de enfrente, no dudaban en querer dejarnos con la boca abierta con juegos como Forza Horizon 5. Aún con eso, 2021 no fue precisamente el mejor año de la industria, debido a la escasez de grandes producciones y el anuncio de retrasos que nos iban a dejar un mejor 2022 y un 2023 para soñar.

La falta de videoconsolas de nueva generación ha provocado que muchos juegos sean intergeneracionales como es el caso de la segunda entrega de la saga Horizon

¿Aguas turbulentas en el océano azul?

En 2017, Switch rescataría a una Nintendo que “naufragaba” en aguas desoladoras. En 2020, la gran N seguía apostando por la videoconsola híbrida, anunciando una actualización de la misma conocida como la nueva Switch OLED. Tras su modelo Switch Lite de uso exclusivamente portátil, llegaba una versión mejorada de la original, con pantalla OLED. Además, los juegos seguían lanzándose sin parar, con títulos como Metroid Dread o Moster Hunter: Rise.

Pero una amenaza se cernía sobre el modelo propuesto por Nintendo. Tras el fracaso de las Steam Machine, Valve lo intentaría de nuevo en febrero de 2022 con la Steam Deck, que llegaría acompañada del eslogan “la mayor potencia de juego que hayas tenido en tus manos”.

Más que un híbrido entre sobremesa y portátil, la nueva plataforma de Valve era un PC disfrazado de portátil, con una CPU AMD Zen 2 de cuatro núcleos y una arquitectura de gráficos RDNA 2. Además, en su lanzamiento, la plataforma contaba con más de 100 juegos perfectamente adaptados entre los millones que podíamos encontrar en el catálogo de Steam.

Steam Deck llegaba para irrumpir en el océano azul de Nintendo

Una ventana hacia el futuro

El futuro de la industria del videojuego es incierto. Durante este recorrido de medio siglo hemos visto cambios, idas y venidas, juegos de tronos, caer a gigantes y el resurgir de los antiguos reyes. Se nos pueden venir a la cabeza muchas preguntas recurrentes ¿Quién será el nuevo rey de la industria? ¿Será esta la última generación de videoconsolas? ¿Qué título volverá a cambiar los paradigmas del cosmos de los videojuegos? ¿Cuándo se lanzará Half-Life 3? ¿Volverá Konami a ser un referente?

Queda claro que la industria del videojuego ha alcanzado cotas inimaginables. Sin duda Ralph Baer, el padre de los videojuegos, jamás habría imaginado hace ya cincuenta años que ese juguete encajado en una caja marrón y donde un haz luminoso se movía sobre una pantalla oscura acabaría derivando en toda una industria del entretenimiento que no solo rivalizaría con la cinematográfica o la discográfica, sino que en ocasiones las superaría.

Nolan Bushnell, el fundador de Atari, jamás hubiese pensado que el negocio que tanto le costó financiar en los setenta, acabaría por conquistar a las masas, e incluso que se debatiría la adición de este entretenimiento como deporte olímpico con los e-sports o que las retransmisiones de streamers jugando a las últimas novedades de la industria restarían cuota de pantalla a programas de televisión en prime time.

Los E-sports se han convertido en un entretenimiento de masas

Los ejecutivos que le retiraron la palabra al padre de PlayStation, Ken Kutaragi y que pidieron su cabeza, nunca imaginaron que el estreno de cualquier juego de los considerados como triple A se convertiría al poco tiempo en poco más que un evento mundial.

Hiroshi Yamauchi jamás imaginó que aquella empresa familiar, que tantos tumbos había dado a lo largo de su historia, llegaría a traspasar fronteras y conquistaría todo un planeta gracias a los videojuegos. Al igual que David Rosen, que, a pesar de la derrota de su Sega, jamás hubiera imaginado, que veinte años después de la primera DreamCast, el mundo seguiría recordando con cariño aquellos maravillosos años de pugna con Nintendo.

Vivimos tiempos inciertos, oímos nuevos planteamientos que muchos no alcanzamos a comprender, como las criptomonedas, los NFT’s o el Metaverso, un futuro que se parece al soñado por los amantes de la ciencia ficción, que nos puede llevar al Oasis de Ready Player One, pero a su modo también percibimos etéreo y poco tangible, digital y robótico.

Jamás debemos olvidar que esta industria del videojuego, este universo, han crecido gracias a los soñadores, a artistas que han convertido un entretenimiento en un arte. No solo la concepción de este arte es gracias a los grandes desarrolladores, sino también a los miles de nombres que pasaran desapercibidos como en aquellas pantallas finales de crédito tras superar nuestras aventuras.

La industria está viva pero no sabemos cómo se habrá trasformado cuando pase otro medio siglo más. Algunos seguirán guardando esas máquinas como piezas de museo, en vitrinas o estanterías, que les servirá para recordar aquellos maravillosos años. Otros se olvidarán de las viejas reliquias para pasar al nuevo nivel que siempre ofrecerá una industria en constante evolución.

Sea como sea, como lo vivamos; juguemos y disfrutemos, sigamos viviendo la evolución del décimo arte. Por mi parte sólo queda dar las gracias a todos los que que inventaron nuevos mundos, personajes inmortales e historias emocionantes. A aquellos que hicieron posible lo imposible. Está historia de los videojuegos no acaba aquí. Por qué todos sabemos que, de una manera u otra, “continuará”.

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