Impresiones de Age of Darkness: Final Stand (PC). Haces bien en temer a la niebla

Age of Darkness

Age of Darkness: Final Stand nos emplaza en un medievo fantástico y terrorífico, donde unas extrañas criaturas querrán aniquilar todo a su paso.

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La fantasía oscura medieval tiene un lugar guardado en mi corazón y en el de muchos jugadores. Es innegable su atractivo visual y la ambición e imaginación de los equipos de desarrollo puede dar lugar a propuestas realmente interesantes. En este caso, volvemos a hablar de un título que mezcla diferentes subgéneros, con bastante buen equilibrio he de decir, aunque con ciertos aspectos negativos que son justificables aún al estar en estado  Early Access.

Age of Darkness: Final Stand es una propuesta de gestión, construcción de colonias y tower defense tan interesante como difícil. De hecho, no tiene nada que envidiar a otras propuestas del género como Frostpunk o Going Medieval, pero cuenta con algo aún más cautivador que morir congelado por una ventisca que no vimos venir: tendremos que hacer frente a la oscuridad en sí misma, a una horda de monstruos sedientos de sangre que arrasarán con toda la vida que encuentren a su paso.

Gestión simple, directa y efectiva

De base, Age of Darkness: Final Stand, del estudio Playside se enorgullece de ser una propuesta compleja, de hecho nos avisa de ello nada más iniciar el juego, pero también sabe recompensar al jugador que invierte horas en aprender cómo funcionan sus mecánicas jugables. Éstas son bastante sencillas: de primeras nos emplazamos en un lugar aislado del mapa, generado de forma procedural claro está. Esto es algo muy típico en este tipo de obras, contamos con una simple casa, un par de colonos, unos pocos soldados para defender la zona y un edificio que hace las veces de corazón de nuestra pequeña aldea. El objetivo final será defender esta construcción a toda costa.

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Nuestra aldea en Age of Darkness: Final Stand se compondrá de un núcleo, un edificio primordial que defender

Al comenzar nuestra partida hay que tener claro una cosa: en Age of Darkness: Final Stand no es tan importante la manera en la que despleguemos nuestros edificios, como en las obras anteriormente citadas donde una correcta distribución es indispensable, como saber priorizar el tipo de edificaciones. Lo prioritario es hacer acopio de todos los recursos disponibles y que tengamos más a mano, ya sea madera, piedra o metal, para ir desbloqueando la pequeña cantidad de edificaciones disponibles en los niveles más bajos de nuestra aldea.

Un detalle sumamente interesante, y que descongestiona la cantidad de tareas que suele tener el jugador en este tipo de propuestas de gestión, es que los edificios de trabajo (aserraderos, minas…) dependen de la cantidad de aldeanos que tenga nuestra comunidad, pero no necesariamente tienen que estar cerca de dicha construcción para trabajar. De hecho, Age of Darkness casi nos obliga a pensar a lo grande, a no quedarnos en un pequeño refugio acotado por muros de madera sino a expandirnos por el mapa y explorar en busca de nuevos lugares para la obtención de materiales y recursos.

Si bien la gestión es importante en Age of Darkness: Final Stand, ésta está bien implementada en la interfaz del juego

Ahora bien, el mapa de juego sigue la misma base que aquellos clásicos RTS (Real Time Simulator) como Age of Empires o Empire Earth, donde a excepción de nuestra pequeña aldea, todo el escenario se despliega con una niebla que entorpece nuestra visión. Esta neblina tiene un efecto doble y es que además de obligarnos a explorar para ir descubriendo el mapa, las zonas no iluminadas generarán una niebla mortal que usarán los monstruos para atacar. 

En cuanto a nuestra base en Age of Darkness: Final Stand, este edificio central que hay que proteger con la vida, nos dará cierta cantidad de oro, que invertiremos en nuevos edificios o reclutar soldados, cosa que podremos hacer cada 5 minutos, tiempo que iremos reduciendo conforme aumentemos el nivel de esta edificación. 

En este sentido, la progresión es muy similar a otros juegos del mismo género y es que una vez lleguemos a una cantidad considerable de materiales podremos aumentar la categoría de varios edificios, algo que nos abrirá, además, nuevas edificaciones que poder construir. Por último, me ha sorprendido no encontrarme con un árbol de habilidades, lo que refuerza aún más esa gestión más simplificada y directa que comentaba antes. 

Los bosques en Age of Darkness: Final Stand, aparte de ser fuente de recursos, son barreras naturales contra los enemigos

La niebla oculta cosas de otros mundos

Para defendernos de las bestias tendremos que construir un ejército y unas edificaciones a la altura de la amenaza, y es que a pesar de que podemos toparnos con estas mismas criaturas de día, se hacen más fuertes al caer el sol. Pero, sin duda, la mayor amenaza sucede cada pocas noches (una cantidad que variará dependiendo de la dificultad que elijamos en un principio) y es que los monstruos brotarán del suelo en un punto aleatorio del mapa y, cual tsunami, arrasarán todo a su paso con una virulencia tan espectacular como terrorífica.

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En cuanto a los soldados, su tipología es bastante básica, pudiendo hacernos con guarniciones cuerpo a cuerpo o a distancia y aunque también podemos ir desbloqueando diferentes variantes (lanceros y ballesteros, por ejemplo), todas siguen este mismo patrón. Por otro lado tenemos al comandante, un soldado único y que elegiremos al comienzo de nuestra partida, aunque por el momento sólo hay uno, estando el resto bloqueados o a la espera de que sea añadan conforme el equipo trabaje en ello, contando con unos rangos de ataque y defensa aún mayores.

En ocasiones surgirá un enemigo especial en el mapa, custodiando un pináculo, que, al derrotarlo, soltará un buen botín

A pesar de que en cuanto a opciones de mejora Age of Darkness se ve algo limitado, podemos mejorar las estadísticas de nuestros soldados cuantas más batallas superen con éxito. Algo que también ocurre con el general, algo que aporta cierta profundidad pues podremos desbloquear un total de tres habilidades, una de ellas pasiva, para hacer frente a la horda.

En cuanto a la defensa, en este sentido Age of Darkness ofrece un abanico de posibilidades más amplio que el resto de edificaciones del juego. Podremos delimitar las zonas con estacas de madera e ir mejorando estas estructuras hasta conseguir unos muros inmensos y recios, incluso apostar torres de vigilancia para divisar al enemigo cuando se acerque, pero defendernos de la horda es una ardua tarea.

Al romperse el suelo, brotará la niebla y las bestias

La cantidad de enemigos en pantalla es sorprendente, superando las 2000 bestias a las pocas noches. De hecho, el rendimiento no se ve excesivamente mermado cuando Age of Darkness saca músculo, algo que sería completamente excusable debido a su condición de early access. Además, el diseño y el modelado de los enemigos, así como de las edificaciones y aliados tiene cierta belleza, un atractivo visual que contrasta con lo mortal de la experiencia.

Por si fuera poco, estos cuadrúpedos del infierno, por llamarlos de alguna manera, vendrán acompañados de unidades de élite que atacarán a distancia, en zona o a modo de tanque, rompiendo las líneas de defensa para que más monstruos entren en nuestra ciudad. Si conseguimos superar las acometidas, se nos recompensará pudiendo elegir una habilidad pasiva general entre tres disponibles, y ya os adelanto que serán de enorme ayuda para las noches venideras.

En cuanto al apartado más puramente gráfico, Age of Darkness deslumbra con una potentísima dirección de arte acompañada por una cámara cenital y una disposición del mapa que recuerda a una mezcla entre League of Legends y los más modernos RTS. Si bien es cierto que los días y las noches no ocurren a tiempo real, la iluminación es espectacular. Llegado el día, cuando las primeras luces tocan los árboles no solo supone un alivio por haber sobrevivido, esta iluminación bonitas estampas.

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Por el momento, Age of Darkness: Final Stand tiene trabajo por delante, pero la base es prometedora

En resumen, Age of Darkness ha entrado en mi lista de seguimiento en Steam. Es un título que pega fuerte y que sabe recompensar al jugador que aprende a recibir el golpe. No obstante, es una experiencia de prueba y error muy entretenida que quizá frustre a algunos y su condición de “ronda ilimitada de supervivencia” hace que tengamos pocos alicientes para volver pasado un tiempo si no vemos mejoras.

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