Impresiones de Total War Warhammer III (PC). El broche de oro de la saga nos adentra en los reinos del Caos

Total War Warhammer III

Probamos Total War Warhammer III a un mes escaso de su lanzamiento y os contamos qué nos han parecido dos de las nuevas razas que incorpora el título y os explicamos sus nuevas mecánicas.

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Un mes exacto queda para el lanzamiento del esperadísimo Total War Warhammer III, el broche de oro a la trilogía de títulos de estrategia en tiempo real y batallas tácticas inspirados en la famosa franquicia que, en mi caso, fue protagonista de buena parte de mi infancia. Tras sus dos entregas previas, lanzadas en 2016 y 2017, el estudio Creative Assembly se ha tomado su tiempo para poner el cierre que los seguidores de la saga esperábamos y, por lo que hemos podido experimentar en esta sesión de prueba a la que hemos sido invitados por SEGA y Cosmocover, han cumplido con las expectativas.

La trama de este Total War Warhammer III nos lleva a los reinos del Caos, donde ululan los vientos mágicos mientras son azotados por una tempestad provocada por un dios, Ursun, a punto de perecer. Obtener las reliquias de esta divinidad será el objetivo a conseguir tanto por mortales como demonios, siempre bajo la estrecha mirada de los señores del Caos que intentarán salirse con la suya.

Análisis de Aeterna Noctis

Nurgle, el Dios de la Plaga, Slaneesh, el Dios del Excesom Tzeentch, el que cambia las cosas y Khorne, Dios de la Sangría y la Matanza conspiran contra los mortales por el dominio de ambos mundos mientras que las civilizaciones humanas, los guerreros de Kislev y el imperio de la Gran Catai, intentan resistir el avance de las huestes demoníacas.

Cada raza un juego distinto

Uno de los puntos fuertes de este Total War Warhammer III es que tenemos la posibilidad de afrontar la aventura desde al menos siete puntos de vista diferentes, las cuatro razas demoníacas, las dos humanas y los ogros (parte del acceso temprano al juego), además de la que es una de las grandes novedades de esta entrega, el Daemon Prince, que cambia en cierto modo las convenciones a las que estábamos acostumbrados.

El Daemon Prince es una de las razas que debutan en Total War Warhammer III

Durante la versión de prueba he podido jugar con la Gran Catai y con el Daemon Prince y puedo asegurar que la experiencia de juego cambia drásticamente entre una y otra. No estoy hablando ya de aspectos como las unidades que manejamos o incluso el escenario en el que comenzamos, es que cada una de ellas cuenta con particularidades que nos harán muy difícil tomar esa decisión inicial de cuál escoger al empezar nuestra partida.

Por ejemplo, la Gran Catai cuenta con una brújula en la cual nosotros podemos variar la dirección a la que apunta favoreciendo, por ejemplo, la resistencia en determinados puntos del mapa. Y hablo de resistir porque el objetivo de esta facción es aguantar el avance de las tropas demoníacas tras la muralla, a la par que intentan conseguir los artefactos mágicos que los lleven al corazón del reino del Caos para así obtener una reliquia de Ursin. Esta civilización además vive regida por el equilibrio entre el yin y el yang: cada una de nuestras acciones tratará de desequilibrar la balanza y estará en nuestras manos restablecer el orden si queremos que nuestra empresa progrese.

La brújula es uno de los elementos exclusivos de la civilización Gran Catai en Total War Warhammer III

En el caso del Daemon Prince directamente Total War Warhammer III parece cambiar de género y acercarse a lo que sería un RPG. Me explico: nuestro príncipe demonio no venera a ningún dios concreto, sino que busca el favor de todos. En su día fue mortal pero ahora clama venganza en un reino que le es ajeno y para ello usará todas las herramientas en su mano. Decía lo de que no se casa con ninguna divinidad porque puede hacer que cada uno de los asentamientos bajo su mando venere a uno distinto, básicamente el que mayor beneficio le de en cada momento.

Esta manera tan sui generis de adorar a un dios se basa en un aspecto conocido como Gloria Demoníaca que vamos consiguiendo según realizamos determinadas acciones: estará en nuestro albedrío decidir si queremos enfocarnos en uno concreto, lo cual nos permitirá obtener favores más poderosos, o ir picando aquí y allá según nos convenga en cada momento.

Este tablero muestra todo lo que podemos conseguir con la Gloria Demoníaca en Total War Warhammer III

Decía lo de los toques RPG porque, de manera similar a cualquier título de acción contemporánea, en Total War Warhammer III podemos ir cambiando el equipamiento que lleva nuestro demonio, cambiándole la armadura, los brazaletes o las perneras y, con ello, modificando las estadísticas de nuestras unidades. Los desarrolladores prometen una cantidad indecente de combinaciones que seguro atraerán a aquellos completistas que buscan obtener la mejor build posible.

Un mapa gigantesco que mira al pasado y al futuro

Total War Warhammer III recupera e integra el contenido de las dos entregas anteriores y nos ofrece un mapa gigantesco en el que nos podremos mover a voluntad, dentro de las limitaciones impuestas por cada turno, con el objetivo de conseguir dominar los asentamientos de la provincia en la que estamos y recuperar aquellos artefactos que nos llevarán a los reinos del Caos.

El mapa de Total War Warhammer III es gigantesco: un paraíso para los comerciantes que buscan establecer rutas entre asentamientos

Aunque no hemos podido probarlo en nuestra sesión con el juego, según el dios Ursun vaya agonizando cada vez más se irán abriendo una suerte de fallas en las que, si entramos, tendremos que competir en unos desafíos especiales. Eso sí, la recompensa, además del equipamiento que ganamos, será poder teletransportarnos entre las diferentes fallas, permitiéndonos llegar de manera ágil a localizaciones que, de otro modo, estarían a varios turnos de distancia.

Otra modalidad de Total War Warhammer III que no hemos podido probar, pero que nos tiene muy esperanzados, es el aspecto multijugador. Además de poder disfrutar la campaña completa de manera cooperativa, llegan nuevos modos como Domination, en el que competiremos en equipos de hasta cuatro jugadores por el dominio del territorio y, sobre todo, el que más ilusionado me tiene, uno en el que podremos disfrutar de pequeñas campañas con nuestros amigos con una duración estimada de “una tarde”, según los desarrolladores.

En Total War Warhammer III se nos darán distintas opciones al capturar un asentamiento

Porque sí, como ya supondréis, cada una de las campañas individuales nos va a llevar más de cincuenta horas y no siempre es sencillo contar con alguien al otro lado con la misma disponibilidad. Por tanto, esta modalidad que nos ofrece Total Warhammer III suena ideal para poder disfrutar de la experiencia con amigos de un modo más acotado.

A veces la palabra vale más que una espada

Además de las razas nuevas que he comentado, una de las principales novedades de este Total War Warhammer III viene de la mano del sistema de diplomacia, que ha sido drásticamente mejorado desde entregas anteriores. En este caso, incluye novedades como la posibilidad de reclutar unidades de tus aliados usando los puestos avanzados que podemos establecer en aquellos territorios con los que tengamos acuerdos de paz o militares.

La manera de realizar estos tratos en Total War Warhammer III es bastante sencilla y el juego nos indica en todo momento qué necesitamos hacer para que un acuerdo llegue a buen puerto. Por cierto, no todo serán tratos amistosos y nosotros podremos amenazar territorios de nuestros rivales o, dado el caso, expulsar a quienes deseen invadirnos, aunque en ambos casos siempre se puede hacer una retirada más o menos amistosa sin que la sangre llegue al río.

Establecer alianzas con civilizaciones vecinas será clave para que nuestro progreso en Total War Warhammer III no se interrumpa

Entrando ya en lo que es la partida en sí, lo primero que podemos decir es que todo aquello que funcionaba en entregas anteriores se ha mantenido pero que, en general, se advierte un aumento de escala que podría llegar a aturdir al neófito en la saga. Aunque los desarrolladores han prometido un episodio inicial a modo de tutorial, contamos con la asistencia de un personaje de oscuras intenciones que nos irá guiando paso a paso para conseguir nuestros objetivos. Como siempre en estos casos, habrá que alcanzar ese complicado balance entre intentar conquistar lo de fuera sin dejar desguarnecida nuestra casa.

Cada una de las facciones tiene más de un comandante entre los que podremos elegir antes de meternos en harina: cada uno de ellos cuenta con unidades específicas y habilidades especiales. De nuevo tocará comernos la cabeza para tomar la decisión correcta. En cada turno podremos realizar diversas acciones, algunas de ellas sugeridas por la máquina y, sobre todo, ir mejorando nuestras unidades y edificaciones para ser cada vez más poderosos: pocas novedades aquí en este sentido.

Gran Catai tiene que preocuparse tanto de sus asuntos internos como de evitar que entren demonios arrasando la muralla

Sí que he detectado que al ser el mundo más grande y vivo hay que estar con el ojo avizor para ir observando los movimientos de los enemigos e intentar anticiparse a sus planes de dominio. Entrar en batalla no es siempre la mejor solución y Total Warhammer III nos predice el resultado de esta antes de entrar en ella, no sea que perdamos nuestras tropas sin sentido. Una vez en el campo de batalla, podremos disponer las unidades en la fase de despliegue y luego ir asignando quién ataca a cada una de las enemigas.

No he notado tampoco grandes cambios aquí respecto a otras entregas recientes de la saga Total War y solo recomiendo disponer correctamente a nuestras unidades y, sobre todo, atacar por distintos flancos, si queremos conseguir la victoria.

La fase de batalla de Total War Warhammer III no muestra demasiados cambios respecto a otras entregas de la franquicia

Por supuesto que la interesante trama de este Total War Warhammer III se irá desgranando mientras vamos consiguiendo nuestros objetivos en el mapa. En este sentido, aunque el cómo lleguemos a cada hito intermedio es cosa nuestra, no contaremos con bifurcaciones en una historia en la que, como sus desarrolladores nos han comentado, “nada es lo que parece”.

Más grande, más fuerte, algo menos robusto

Entrando ya en el apartado técnico, podemos observar que los esfuerzos por ampliar el mapa han pasado un poco de factura a la experiencia jugable de Total War Warhammer III en la que, teniendo en cuenta que estamos en una fase preliminar, he notado algún tirón que otro en un equipo que monta una RTX 2070, 32 GB de RAM y un procesador Intel I9. Los diseños artísticos son soberbios y logran aportar coherencia estílística a razas que no tienen que ver demasiado entre sí. Querría destacar en este aspecto el buen trabajo realizado con el Daemon Prince, sobre todo en lo referido a la customización de su equipamiento.

Respecto al apartado sonoro, en Total War Warhammer III contamos con melodías ambientales de tono épico y efectos asociados a determinados hitos del mapa, así como con la voz de aquel misterioso personaje que nos va guiando en todo momento. El título cuenta con doblaje al castellano, el cual brilla especialmente en las bonitas secuencias animadas que sirven a modo de preludio a la experiencia y que también se intercalarán durante la campaña.

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Como resumen, se podría decir que Total War Warhammer III cumple con la premisa que se puede esperar de una buena secuela: más grande y mejor. Sí que es cierto que la amplitud en cuanto a escala le puede pasar alguna factura técnica, solventable sin duda mediante parches, pero es innegable el esfuerzo de los desarrolladores en crear la entrega más completa y variada de la saga hasta la fecha y que estará en vuestras manos el 17 de febrero. Hasta entonces, suerte en vuestro periplo por los reinos del Caos.

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