Retroanálisis de Pokémon Amarillo Edición Especial Pikachu

Repasamos en esta ocasión Pokémon Amarillo, el título que marcó el final de la primera generación de una de las franquicias más exitosas de todos los tiempos.

El coleccionismo ha sido, de toda la vida, una afición cultivada por la humanidad. Ya sea en forma de sellos o monedas, o cromos de la liga de fútbol, siempre hay un conjunto de objetos que parecen necesitar de nuestra obsesiva recolección, de hacernos con todos. Una vez te pica este mal, empiezas a sufrir algunas de sus consecuencias como es esa sensación de desazón cuando la página del álbum de cromos de La Patrulla Canina tiene un hueco en blanco. Si sabes de lo que estoy hablando, bienvenido: eres un coleccionista.

Y si hay un juego donde la colección es una mecánica básica, este es Pokémon. Si hay un RPG que lo cambió todo, y no solo en el mundo de los videojuegos, fue aquella versión primigenia de la franquicia de monstruos de bolsillo en sus ediciones rojo y azul (verde en Japón). Aunque no fue el primer título de este estilo en salir al mercado, sí que ha sido inspiración para infinidad de obras posteriores, como Dragon Quest Monsters, Digimon o el reciente TemTem, por nombrar solo a algunos. Esta semana repasamos Pokémon Amarillo, la versión definitiva de la primera generación de Pokémon.

Pokémon Amarillo es la versión definitiva de la primera generación de una de las sagas más icónicas de los videojuegos. Nos encontramos ante un título que sentó las bases de toda una franquicia y que ha inspirado a multitud de otras. Nunca coleccionar bichos había sido tan divertido y, a la vez, desafiante. Para muchos supuso el contacto inicial con un RPG por turnos, para otros la primera experiencia con un videojuego. Pero creemos no exagerar diciendo que es uno de estos casos donde la ficción supera a la realidad, encontrándonos frente a un fenómeno global cuya pujanza sigue alta hoy en día.