Cuando las emociones sustituyen a la jugabilidad. The Artful Escape of Francis Vendetti

The Artful Escape

The Artful Escape es una experiencia lisérgica disponible a través de Game Pass

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Hay veces en las estamos dispuestos a perdonar carencias en lo jugable a cambio de un experiencia lo suficientemente atractiva en otras facetas, tal y cómo ocurre con The Artful Escape.

Las sombra de Elden Ring es alargada. Empiezo así este artículo de opinión porque incluso habiendo pasado ya casi tres semanas desde que acabara lo último de FromSoftware sigo estando inmerso en un proceso de ‘rehabilitación’. A pesar de ser el ‘souls’ más asequible de todos sigue siendo un título exigente con el jugador, que requiere de estar en tensión y no perder la concentración para ser completado con cierta eficiencia al cien por cien.

Si a esto le sumamos el esfuerzo extra dedicado no solo a jugarlo, sino además, compaginar estas largas sesiones de más de ocho horas con la preparación de cuatro podcast centrados en la experiencia jugable y dos destinados a la ordenación y sintetización de todo el lore que una obra como esta arrastra, se puede observar que el esfuerzo ha sido titánico.

Estaba claro que tras esto necesitaba dirigir mis manos y sentidos a experiencias más relajadas, menos exigentes en lo jugable pero que, al mismo tiempo, dejaran en mí un poso de reflexión. He encontrado un pequeño refugio en el calendario de lanzamientos de abril, mucho más benevolente con los críticos de videojuegos de lo que lo han sido los terribles febrero y marzo de 2022, así como un cierto sosiego dentro de Xbox Game Pass.

El servicio de suscripción de Microsoft alberga algunas de la mejores joyas ocultas que tenemos en el mercado y da cabida a planteamientos y mecánicas en títulos muy interesantes como Mind Scanners o Dreamscaper, sin olvidarse entre tanto de esas experiencias narrativas más volcadas en lo emocional donde la editora Annapurna Interactive ha encontrado su nicho de mercado.

Los californianos se han convertido en un sello de calidad, una editora con un gusto exquisito que siempre se atreve a asumir riesgos en sus publicaciones para intentar traspasar una doble pantalla: la del televisor y la del alma del jugador. Obviamente, What Remains of Edith Finch lo cambió todo en esta faceta, sin olvidar en ningún momento a sus antecesores en el género como Everybody is Gone to the Rapture o Gone Home.

El éxito de aquella publicación se basó en el estrecho vínculo que existía entre sus mecánicas, su narración y el poso emocional que nos dejó tras finalizar una serie de reflexiones sobre la muerte y, por tanto, la propia vida que solo  se podían enmarcar dentro de cada uno de los surrealistas capítulos que componían la obra de Giant Sparrow.

no existe una fórmula matemática e infalible para las emociones

Es difícil igualar algo así, no existe una fórmula matemática e infalible para las emociones, no se puede hacer un estudio de mercado que defina o prevea el comportamiento del jugador ante lo que se le plantea cuando solo el constructo de su imaginario particular, su educación y legado vital van a ser los caracteres definitorios de cómo va a pasar por la propuesta.

Fruto de ello hemos ido viendo un buen puñado de juegos como Maquette o el reciente A Memoir Blue que intentar tocar y provocar ciertos sentimientos de la persona al otro lado, pero no traspasan, en ningún caso, lo suficiente para hacerte partícipe de esos cambios sentimentales más allá del grado de empatía que puedas llegar a desarrollar o tener previamente con la obra.

Tus subidas y bajadas emocionales, así como tu implicación con ellas no son más que las de un observador, sus mecánicas y puzles son entreactos mezclados en su narrativa y, por tanto, elementos injertados de manera artificial que no logran una catarsis real en el jugador, se trata procesos forzados, que rara vez están inducidos realmente por lo que hacemos con el mando.

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The Artful Escape es un viaje entre lo onírico y lo lisérgico repleto de mensaje

Es por eso que durante las 4-5 horas que me ha durado The Artful Escape of Francis Vendetti he quedado realmente satisfecho. Utilizando la música y los riffs de guitarra como vehículo para llevar al jugador a través de su narración, no creo que pueda llegar a catalogar a la primera obra de Beethoven and Dinosaur como si de un juego estrictamente musical se tratara.

El máximo exponente en esta faceta lo encontramos en la propia editora Annapurna y Sayonara Wild Hearts, un álbum de música jugable en el que lo principal es el disfrute, los sentimientos solo son evocados por las notas en el pentagrama y la historia, trasfondo o conflicto quedan relegados a un segundo nivel. En The Artful Escape la línea es distinta, desde el principio se ponen sobre la mesa temáticas interesantes como la autodefinición, el peso de nuestras herencias o ese ‘cumplir con las expectativas’ que los demás tienen puestas en nosotros y que tantas veces son barrotes que nos aprisionan en la cárcel de la infelicidad.

The Artful Escape tiene mucho de todo eso, porque nuestro personaje, Francis Vendetti tiene que lidiar con una existencia musical y vital ensombrecida por el plomizo recuerdo de su difunto tío, Johnson Vendetti que, en una clara referencia a Bob Dylan, fuera en el pasado una leyenda de la música folk. Todo el mundo a nuestro alrededor espera que traigamos de vuelta su recuerdo y por lo que se puede extraer de alguna de las conversaciones del juego, la existencia de este llegó a eclipsar la figura de nuestro padre ya desaparecido, presumiblemente a la misma vez que Johnson.

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The Artful Escape es un espectáculo de luz y color de principio a fin

Puede que el hecho de que este The Artful Escape tardara seis años en desarrollarse tenga mucho que ver con sus virtudes y defectos. Se trata de un juego creado por un músico (Johnny Galvatron) que no trata de expresar a través del mismo la lírica de los acordes, no quiere enseñarnos a rasgar las cuerdas de la guitarra, ni que aprendamos nociones de algún tipo en lo musical.

De ahí es probablemente de dónde surgen los fallos que se pueden encontrar en su jugabilidad, una simple mecánica basada en el juego de Simon que nos lleva a repetir algunos acordes o poder realizar saltos que enfaticen la melodía en las sencillas secciones de plataformas que componen el juego. Entonces, si el planteamiento jugable no va más allá de realizar estas simples acciones, mantener alguna que otra línea de diálogo sin peso en la trama y, en un momento dado emular a la obra maestra Barbie Fashion Show ¿qué hace que The Artful Escape sea uno de esos títulos que has de jugar sí o sí?

La respuesta está en su autor, que tras años en los escenarios sufre un hastío vital que le lleva a abandonar su carrera musical, dejar su banda y centrarse en otros proyectos. En definitiva, reconocerse a sí mismo, buscar su felicidad por encima de las expectativas del resto de la gente y llevar adelante un periplo vital que resulta tan importante en el juego como cualquiera de las líneas de programación que lo componen.

Solo cuando las emociones nos tocan de primera mano somos capaces de plasmarlas sobre el papel. Podrás leer, jugar, ver o escuchar miles de historias sobre una multitud de situaciones, pero, replicando a Robin Williams en su discurso durante el film ‘El Indomable Will Hunting’: Si te pregunto por el amor me citaras un soneto… . Es aquí dónde The Artful Escape reconoce de manera magistral cada una de las fases que componen ese proceso de descubrimiento y reconocimiento personal que solo aquellos que hemos vivido algo similar sabemos expresar con certeza.

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Seguir los patrones que nos marcan otros personajes es importante, en The Artful Escape podemos darle un toque propio

El propio Johnny Galvatron ha reconocido la influencia de la obra de otros músicos en The Artful Escape, el más palpable es David Bowie, no resulta complejo encontrar paralelismos con el videojuego y el disco del artista bitánico The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars en el que dio a conocer a Ziggy Stardust, un alter ego de él mismo.

The Artful EscapeDe la misma forma, y siempre a través de paisajes oníricos y lisérgicos que nos transportan a través de una galaxia de colores vivos, fauna imposible y situaciones únicas, el jugador de The Artful Escape comienza un viaje de trasformación en el que, veremos cómo la identidad de Francis Vendetti va saliendo a la luz mientras lo acompañamos durante el camino.

Elegiremos sus ropas, su origen e incluso su nuevo nombre con el que será conocido a través del universo, pero todo ello pasa a un plano menor si tenemos en cuenta que cada etapa de este camino se completa de una forma natural y acorde con el proceso de metamorfosis que sufre el personaje.

Precisamente es aquí, ante la inocuidad de sus mecánicas, es cuando The Artful Escape sabe reconocer perfectamente las etapas de reconocimiento, asunción, integración y aceptación por parte de Francis de su auténtico yo. La magia está en que con muy poco, permitiéndonos tocar la guitarra de la que nuestro personaje no se despega en ningún momento y auténtica deuteragonista del juego, ejecutando riffs imposibles con los que cada vez te sientes más cómodo, vas asumiendo a la vez que el personaje, cuál es su nueva identidad.

Lo que al principio parece raro se convierte en normal, y no dejar de tocar para que la música no cese ni un instante, a pesar de que eso pueda significar que caigamos en algunas de las brechas de sus simples fases de plataformas, se convierte, por lo tanto, en un proceso normal. Lo mejor, y el motivo de todo este artículo es que durante todo el juego he sido plenamente consciente de que era una mecánica torpe, mal integrada y que muchas veces podía resultar hasta incómoda.

The Artful Escape
The Artful Escape no tiene límites para su propia imaginación

Pero cómo ocurre con las emociones y los sentimientos más primarios, a veces es muy difícil explicar qué nos mueve a ellos, The Artful Escape consigue esto mismo, hacerte no querer dejar de tocar, saberte hacer sentir quién eres en el papel de Francis y conseguir que su etapa de apertura a su auténtico ser sea algo en lo que tú no vas a tener la sensación de ser un mero espectador, ya que, casi al mismo tiempo que él completa su viaje, tú serás capaz de olvidarte por unas horas de qué funciona o no en el juego y te dejes llevar únicamente por tus emociones, ser durante un rato quién te apetece ser. Sin más.

A veces, necesitamos jugar así.

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